Tal vez sea un proceso largo y doloroso.
Un proceso del que siempre se sale, aunque a veces no a tiempo, aunque a veces
no intacto. Se sale uno de ahí con heridas y raspones que arden, duelen y dan
coraje.

Las lágrimas se agolpan de una en una o de
a muchas y montones. Soy una mujer a la que particularmente le cuesta trabajo
llorar y no es que no quiera o que no me queme el nudo en la garganta. Más
bien, con tanta caída aprendí a no llorar, a que las lágrimas no hacen
permanecer; sirven para la catarsis y dejar ir. Pero no para lograr nada
trascendental.
Hace unos meses descubrí que hay hombres
que pueden llorar sólo para hacerte creer que les importas, pero si son
mitómanos, esas lágrimas forman parte de la trama. Tienen, de alguna forma, que
sustentar lo que te están diciendo.
Tengo dudas existenciales y razonables
bien intensas desde que ese hombre me mintió como un profesional...
Si le dices a alguien que lo quieres y que
estas dispuesto a todo. ¿Cómo se atreven a hablar mirando a los ojos con
intensidad, si nada es cierto?
Hasta hoy es cosa que no entiendo. ¿De
verdad el ego se les infla hasta el cielo cuando sus mentiras han sido creídas?
Es como me han dicho; no porque yo no lo
haga quiere decir que los demás tampoco. O, no porque yo piense de cierta
manera, los demás pensarán igual. Las cosas son diferentes en cada cabeza y
cada alma tiene sus propios demonios.
Mi demonio hoy en día tiene nombre y
apellido. He de confesar que pensé muchas veces en vengarme, tomar revancha y reírme
maliciosamente después de ver resultados; Pero resulta que no soy buena para
eso, preferí entonces olvidar y matar con indiferencia. El problema es que yo
soy la que ya está olvidada y él sigue bien presente en mis pensamientos, es de
esos pensamientos inoportunos. Es como si llegara caminando como si nada paseándose
en mis ideas y en los momentos menos propicios.
Es duro, la verdad es que
jamás me había pasado; yo era siempre la de la cabeza fría y el corazón a
parte. Hoy, (no se qué pasó) pero terminé con la cabeza caliente y todo lo
demás también. El problema aquí es el corazón, digo, lo demás se enfría pero el
corazón ¿cómo se saca del ruedo?

Da pena aceptarlo, pero soy un cliché, y
uno malo. Escucho canciones tristes, de esas que pegan con látigo desollador,
evito las pelis románticas para no terminar viéndome en cada escena con él o
añorando o soñando despierta con él. Me he puesto a comer dulces como
desesperada tratando de llenar mi vacío con comida reconfortantemente llenadora
(azúcar en forma de galletas, chocolates y helados).
Mi mejor amigo me llevó a Garibaldi a tratar
de aventar su recuerdo; con canciones de mariachi, banda y norteños...
Nada funcionó: me reí como loca, me
divertí montones y me embriagué bastante. Al otro día tenía una cruda de esas
que no puedes ni respirar porque el mismo oxígeno te da nausea. La cruda me
duró dos días, se quitó magicaestúpidamente cuando recibí otro mensaje de él.
¡Maldito él!, pensaba yo. Ahora pienso:
¡Qué idiota yo!
Caí una y otra vez en su juego, que como
dice la canción (no pregunten cual, que me da pena) "cada juego que jugó,
siempre lo ganó". Y ahí estaba crédula y fantasiosa, ganosa y sentimental;
esperando que cada vez que hablábamos de nosotros fuera cierto, que ya no se
tratara de una mentira de pocos días. Pero sucedía lo que yo temía: MENTIRAS.
Y no es que me arrepienta, honestamente me
la pasé bien, me ilusioné y creo me hacía falta. Hoy lo tomo como una experiencia,
una enseñanza de vida para no cagarla más o tal vez la vuelva a cagar; pero
para qué arrepentirse si mientras duró estuve feliz, estuve triste y enojada.

La vida está hecha de resbalones y caídas mal pedo, el secreto yo
creo consiste en levantarse y sacudir todo lo malo; quedarte con lo bueno con todo y que los
recuerdos duelen, la vida sigue, la ruleta da vueltas. Al final de cuentas se
trata de sentir, de vivir, de experimentar y salir sonriendo como si nada a la
espera de la siguiente aventura que te haga estremecer y uno nunca sabe cuál
será la definitiva, cuando terminará la etapa de experimentar.
Creo en el amor, creo que llegará el bueno, creo que soy un
durazno (no una naranja), en espera de su fruta que le acompañe; y que por ahí anda mi alma gemela perdido como
yo con las mismas ganas que yo de encontrarse conmigo.
Alma gemela, te espero sonriente.





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