jueves, 13 de abril de 2017
Cuando te rompen el alma con un puñetazo
Tal vez el médico legista no vio más allá de un hematoma sobre mi labio, no hubo dientes flojos ni mucha sangre corriendo en mi boca. Pero mi corazón, antes cuarteado, ahora tenía desplomes y derrumbes. En tanto mi alma: quedó hecha jirones.
Mis lágrimas eran pocas, pero quemaban mi todo que se vislumbraba sombrío.
Miré mis manos temblorosas: yo entera quedé rota.
No he pasado un solo día sin llorar; no tengo horario y mis lágrimas no respetan compañía, brotan sin aviso. Y lloro como niño perdido.
Hoy no se ve más el moretón, mucho menos la hinchazón. Los oficiales tenían razón; no era una lesión que tardara en sanar más de quince días. Pero: acaso no vieron a través de mis ojos? Quedé profundamente herida: ya han pasado más de quince días y me sigue doliendo el pecho, el recuerdo, el sueño, la ilusión, el corazón.
Del enojo pasé a la angustia, luego vino el miedo, después me visitó la tristeza -esta última se niega a irse- ya le voy agarrando cariño y eso me asusta más. Sonrío menos aunque me esfuerzo, mis chistes ya no son los de antes, hace mucho que no estoy de simple, no me dan risa los Simpsons o los videos de caídas cómicas que me doblaban a carcajadas. Evito mis libros cursis, o películas románticas. Ya no me gustan tanto los changos. Deje de ser yo un cachito.
Sin embargo hoy distraída me miré al espejo; sigo teniendo ese brillo en los ojos. Me observé linda, me gusté. Mi arruga del enojo parece desvanecerse un poco, absurdamente me vi más joven, aunque casi es mi cumpleaños; uno muy significativo y hoy más que nunca.
Entiendo ahora que tengo que desempolvarme poco a poco los recuerdos, el minutero sigue sanándome las heridas como un guerrero día a día. Voy bien. La profundidad del bache no era tan abismal como al principio se sentía, ya voy en la pendiente hacía arriba; todos sabemos que es la que más cuesta, solo hay que arrancarse fuerte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario