martes, 4 de marzo de 2014

Rompiéndote la madre.com

Así me siento desde ayer, me he sorprendido de mi misma; de mi capacidad de mantenerme ecuánime e intacta ante el horror y la nausea que a cualquiera le podría provocar una situación así.

Simplemente mantuve mi cabeza altiva, la mirada perdida y el corazón con los latidos desbocados, la boca seca con el pensamiento constante de controlar cualquier resquicio de lágrimas que pudiesen evidenciar el dolor que crecía sin medida ni proporciones dentro de mí.

Ante una humeante taza de té simplón; mis manos tamborileaban y mi mente estaba reseca y árida, convirtiéndose en la envidia de cualquier desierto inmenso. Dentro de tanta nada, extrañamente la cara de una chica aparecía intermitente como enviada por un estrobo dentro de mi cabeza.

Junto a mi en el apestoso y mugriento, manchado sillón rojo: estaba él tan distante que podría construir una ciudad en medio, pero tan cerca que su olor invadía mi nariz. Una, dos, tres veces intentó tomar mi mano. Pero yo ya estaba en otro plano, uno muy oscuro, uno muy lejos, uno muy espantoso. Sentí la caída hasta el fondo bien fondo hondo no obstante retorcido y solitario. De esas veces que sueñas que caes y brincas entero; así yo ayer. La diferencia es que estaba despierta, con los ojos clavados no se dónde. Que maldita sea no era un sueño, más bien una pesadilla. Ahí estaba yo viviendo el dolor, ese dolor del que tanto temía, del que tanto huía; se materializaba en millones de latidos desbocados llenos de la tristeza, el coraje y el desconcierto más escandaloso que puede existir.

Él y su afán de encantarme. Todas las ideas y pensamientos se agolpaban; unos malos, otros más malos y otros peores. Ya en ese sitio, ese extraño e incomodo momento perdido en el universo no quedaba nada bueno. La tensión se podía escuchar aguda como una cuerda mal afinada de guitarra. Él y su afán de engañarme con preciosas mentiras, mentiras sabor a miel. 

Los recuerdos como puñaladas... Uno tras otro, sin piedad. Él hacía mis noches luminosas como el sol frío y brillante del invierno, cálidas y acogerdoras noches llenas de magia, en las que me sentía la más hermosa de las mujeres, en las que el viento tenía color y el frío me hacía los mandados entre sus brazos.
¡Su pu#"&$ madre! me enamoré del peor, del Don Juan empedernido, el experto mentiroso y cuantas más frases salseras cumbiancheras acerca de hombres hechos para joder existan y se ocurran son para él.

Y si las luces me las hacía más brillantes, sus besos me los entregaba con moños, mariposas y burbujas rosas, sus caricias eran brazas en mi piel de bruta. Y su aroma, ese olor que aún en el recuerdo hace erizarme la nuca y más allá.

Me llevó al cielo, me revolcó en las nubes, me convirtió en la reina de su cuento y yo creí entero el argumento. Ahora agradezco que se respirar; de lo contrario ayer hubiese muerto. También agradezco las enseñanzas de Homero... Simpson; pues en mi mente mientras yo esperaba respuestas no paraba de cantar: "Chasing Pirates" e imaginar escenas risibles de "New Girl"... En efecto mi personalidad distraída me protegió de enterrarme en ese gran profundo abismo al que me sentí caer.

La noche de anoche, se ha ganado un puesto en mi top five de: pinches noches no oscuras, lo que le sigue. Pero soy fuerte, siempre se me congela la sangre por un tiempo, siempre miro hacia adelante porque el mundo no se detiene, mi mundo no se detiene por nadie. Sólo lo invité a pasar (quería que se quedara) e hizo un desmadre propio de cobrarle al infeliz todo lo roto que dejó. Pero ahora es mi trabajo deshacerme de los trozos y la basura esparcida por todos lados, limpiar las manchas con una que otra lagrimita corrosiva. Eso sí; con límite de tiempo la caída y para la próxima un condón bien puesto en el corazón.


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